Conoce a cada cliente, sin app ni tarjeta
Al escanear queda reconocido: sabes cada cuánto viene, con cuántos, qué pide y a qué hora.
Cuando un cliente vuelve y escanea la carta, tu restaurante lo reconoce: lo saluda por su nombre, pone sus platos favoritos arriba y le muestra beneficios pensados para él. Detrás, un solo sistema para gestionar pedidos, pagos, meseros, cocina, inventario y finanzas.


Juan y María escanean la misma mesa y no ven lo mismo: cada uno ve sus regalos, sus platos de siempre y lo que le interesa.
Sin app ni tarjeta de puntos: tu local lo reconoce al escanear y aprende de cada visita. Tú decides a quién, qué y cuándo regalar.
Juan venía cada 9 días y lleva 20 sin venir.
Prepararle un regalo ›Revisamos los sistemas de restaurante que se venden en Colombia. Estas piezas no las encontramos juntas en ningún otro.
Al escanear queda reconocido: sabes cada cuánto viene, con cuántos, qué pide y a qué hora.
Un descuento en el plato favorito de cada cliente, un bono personal o una promoción solo para «los que vinieron tres viernes y no han vuelto».
La música del sábado o la noche de Halloween: lo primero que ve cada mesa al escanear, sin pancartas.
Otros sistemas ponen un QR para ver la carta y siguen cobrando con datáfono. Aquí cada persona pide, ve su cuenta y paga lo suyo.
Cada uno lo suyo o partes iguales, compartir la picada, invitar, pasar un plato y cubrir a quien no trae celular. Todo junto, en un toque.
Quien fotografió el código desde la calle no entra a la cuenta ajena: alguien de la mesa lo deja pasar.
El pedido cae en cocina, barra o parrilla según el plato, sin que nadie lo digite otra vez.
El pago va de la pasarela a tu cuenta. pagando no cobra un porcentaje de lo que vendes.
«¿Se fueron sin pagar?» en el momento. Las imágenes nunca salen de tu local.
Al pagar, el cliente califica; si algo salió mal te suena al teléfono, y a todos se les invita a reseñar en Google. Si no calificó, se le pregunta en su siguiente visita.
«Las mesas esperan diez minutos a que alguien les traiga la carta.»
Ahora: Se sientan, escanean y ven la carta con fotos y precios en dos segundos, en su idioma.
«Mis meseros corren todo el turno y aun así no alcanzan.»
Ahora: El cliente pide directo a cocina y pide servilletas o la salsa con un toque; el mesero responde «Voy ya» o «2 min». El mismo equipo atiende más mesas.
«Dividir la cuenta es un drama al final de la noche.»
Ahora: Cada quien paga lo suyo desde su celular, en efectivo o con datáfono, y la mesa se cierra sola.
«Se acabó un plato y lo seguimos vendiendo.»
Ahora: Cocina lo marca agotado y se apaga en todas las mesas, con un cambio sugerido por el chef.
«Se me van sin pagar y lo descubro en el cierre.»
Ahora: Ningún pago cuenta hasta que el banco lo confirma; con cámaras, el aviso llega cuando la mesa queda vacía.
«El efectivo nunca cuadra y no sé quién lo tiene.»
Ahora: Cajas por persona con su cuadre, y un cierre del día que dice «todo cuadra» o qué falta.
«No sé qué plato me deja plata.»
Ahora: Recetas con costo y el análisis del menú: estrellas, poco margen, poco pedidos y para revisar.
«La bodega se me va en mermas que nadie anota.»
Ahora: El plato que sale descuenta solo sus insumos, y los conteos muestran lo que falta sin explicación.
«Me entero de la factura vencida cuando el proveedor llama.»
Ahora: Lo que debes a cada proveedor, en rojo lo vencido, y el arriendo se anota solo cada mes.
«Hay clientes que dejaron de venir y no sé quiénes son.»
Ahora: «Te extrañan» te los muestra con nombre, y les preparas un regalo para cuando vuelvan.
«Mis clientes de siempre se sienten uno más.»
Ahora: La carta los saluda por su nombre, con su plato de siempre arriba y su regalo de cumpleaños.
«Hago un evento y nadie se entera.»
Ahora: Sale en la carta de cada mesa al escanear, con foto o video, sin que el mesero lo repita.
«El que viene por primera vez no sabe qué pedir.»
Ahora: «Lo más pedido» le muestra tus platos estrella, con foto.
«Me entero de lo malo por una reseña de una estrella.»
Ahora: La encuesta al pagar te avisa al teléfono de una mala nota mientras el cliente sigue en la mesa.
«Hago promociones y no sé si sirvieron.»
Ahora: Combos, 2×1 y descuentos con horario, y cuánto se usaron, cuánto se descontó y cuánto dejaron.
Pantallas reales de un restaurante de muestra, sin retoques.





Tu salón dibujado como es, visto desde arriba. Cada mesa dice lo que está pasando: quién llegó, quién llama, qué plato espera y quién pidió la cuenta. Y con un toque, la cocina, la barra o la caja te cuentan lo suyo.

Elige quién eres y mira lo que pagando hace por ti. Lo marcado como opcional lo enciende el local cuando quiera.
Sin descargar nada ni crear cuenta, desde su propio celular.
Una app que se instala una vez y suena aunque el teléfono esté bloqueado.
Una tableta en la pared que no necesita que nadie la toque.
El local entero desde el teléfono o el computador.
La bodega sigue lo que de verdad salió de la cocina.
Los números que importan, sin pedírselos a nadie.
Sin hojas de cálculo. Le deja listos los datos a tu contador.
Conecta las cámaras que ya tienes. Las imágenes nunca salen de tu local: solo llega «mesa 5: 3 personas».
Requiere un computador del local con el programa de cámaras.
Al cerrar la cuenta, tiquete a consumidor final o factura a nombre de quien la pida, también en cuenta dividida.
Funciona completa en pruebas; se habilita ante la DIAN con tu certificado.
Un clip corto del plato al tocar su foto. Se antoja más que una foto quieta.
Servicio aparte.
Hecho para que la plata cuadre y nadie se equivoque.
Escríbenos y te mostramos pagando con tu carta y tus mesas, sin compromiso.